Normativa PSD2 y como me afecta a mí como joven

Escrito por
Victoria Ash

Si te decimos que la PSD2 no es la evolución de la PSP y no tiene nada que ver con una PlayStation, quizá te da bajón. Pero si te aseguramos que es algo con lo que te van cobrar menos cuando compres, ya mola más, ¿no?


Pues sí, la PSD2 es la normativa de pago que va a seguir Europa. Lo que hace, en pocas palabras, es permitir la actuación de terceras empresas (que las llaman TTP, porque queda más cool ;)). Vamos, que no solo tengas la opción de pagar a través de los bancos de toda la vida. Si no que, haya otras muchas. Y, claro, cuanto más abierto y mas competidores, más rebaja en el precio de las operaciones porque… ¡tienes más donde elegir!


Pero no solo eso, la PSD2, que es la versión mejorada de la PSD (como todo gamer habría deducido por experiencia), revoluciona la manera en la que pagas tus compras (tanto online como en tiendas físicas) de muchas más formas.


Por un lado, la comunicación de los datos entre tu banco y las TTP se harán a través de un software puente, API, (¡otro nombre cool!) y eso hará que ya no necesites pagar ni con móvil, ni con tarjeta. ¡Libre! Eso sí, si quieres seguir usándola, no hay problema: esta ley prohíbe los recargos en las tarjetas. ¡Dejan de clavarnos! Y, además, en caso de fraude antes tenías que asumir hasta 150 euros como cliente, ahora el máximo será de 50 euros. Menos mal, que encima del mal trago…


Por otro lado, y para reforzar la seguridad, la PSD2 te pedirá una verificación reforzada con dos factores de autentificación. ¡No te eches las manos a la cabeza que no es nada del otro mundo! Cosas como un número de móvil, la huella de ese dedo molón tuyo, un código pin, una tarjeta… Son estándares de regulación técnicos para cumplir con esa seguridad y, en cuanto éstos se apliquen, la PSD2 reinará en nuestros pagos (como tarde septiembre de 2019).


Además, es importante porque el servicio con TTP no solo muestra la información de la cuenta bancaria con la que pagas, sino de todas. La idea es poder tener la situación financiera del cliente (o sea, ¡tú!) para mejorar los medios de pago o demostrar la liquidez para una financiación. Que quizá no estás pensando ahora en comprarte una casa, ¡pero a saber qué se te puede ocurrir a ti si te dan un rato!0

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